Me he dado cuenta que tengo más costumbres, por no decir manías, de las que quisiera aceptar, todo empezó con escoger que nos llevamos y que no, vender los muebles, vender los trastos, regalar pinturas, todo ese entorno que ha formado parte de mi vida desde hace varios años ya.
Ahora se fue mi amor, nos llamamos y hablamos diariamente, pero su ausencia en mi rutina diaria duele, desde lo más doloroso que es volver a dormir sola, hasta no tener con quien pelear al volver del trabajo. Me está doliendo hasta desprenderme de éstas cortinas que siempre odié. Ver como toda la constelación del que fue nuestro hogar va entrando en un caos, un orden y después desaparecen.
Hay días en los que me pregunto si podré con esto, no puedo ni imaginarme el día que entregue las llaves del departamento, tengo temores, e intento sobrellevarlos sin ansiedad. Quiero y no quiero que llegue el día en que tome el vuelo que me llevará con él, quiero porque lo extraño hasta los huesos, pero tantos cambios serán una dura prueba para una mente inestable por naturaleza.
He cambiado rutinas en éstas dos semanas, desde que se fue, no me había sentado cómodamente en el futón desde que vivo con él, pero ahora que él no está, lo adopté y ya veo preocupada el día en que se lo lleven.
Ahora, no quiero decir que me llevé la peor parte, él está allá, donde va a tener que armar un hogar desde 0 a donde espero llegar pronto.
25/6/10
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